Semana 97_Radek Brousil / by Anti Materia

Green Fashion (Moda Verde)

Curaduría por Michal Novotny

@ Nova Cvernovka, Bratislava, Eslovaquia

Noviembre 30 – Diciembre 29, 2017

Esta exposición es parte de una trilogía, consecuencia del proyecto Red Naomi presentado durante el otoño en Glasgow y predecesora de Cool Water en el Fair Trade Palace en Praga.

Estas tres exposiciones están conectadas a través de la investigación crítica que se desarrolla en la intersección de la ética, la economía y la ecología. Brousil examina la tradición cultural de regalar flores y cómo vincula aspectos del truque y el deseo en varios niveles contemporáneos - global, local y personal - a través de sus consecuencias simbólicas, económicas y medioambientales.

Sin embargo, el análisis de Brousil no es sociológico sino que funciona como una metodología de descontextualización, en donde las formas y los símbolos son removidos de su contenido original y, dentro de sus formas nuevas, ilumina las relaciones de poder.

En la primera exposición de la serie, Brousil examina la realidad de la producción africana de rosas exportadas a Europa, los efectos ambientales catastróficos que tiene esta industria en las áreas locales a través del alto consumo de agua, e igualmente el efecto en la calidad de vida de los trabajadores de la misma, el abuso sexual que sufren las trabajadoras, la exposición de sus cuerpos a pesticidas. La historia como una serie de movimientos intercambiables de gente y productos provenientes de África hacia el norte de Europa. Todo esto está vinculado dentro de la variedad de rosas Red Naomi, una extraña pero fascinante anécdota acerca de Naomi Campbell.

En Green Fashion (Moda Verde), los ensambles de Brousil se siguen aflojando pero sus intersecciones se hacen más fuertes. El título se refiere a otra variedad de rosas muy poco común que poseen una corola verde. Al mismo tiempo que alude a la "moda verde" como tal - la tendencia contemporánea de comer saludable y sólo consumir productos naturales. Esto incluye la preferencia por lo natural, la belleza sin retoques, lo cual puede ser alcanzado gracias a un generoso suministro natural pero, contrariamente, también el alto consumo de agua embotellada, cuya producción en masa es causante de otras catástrofes naturales -. En cuanto al símbolo de sensualidad, los pétalos rojos de este tipo de flor, crecidos por esclavos, en un país que rápidamente se convierte en un desierto, altamente impregnada de químicos para preservar su belleza "natural" a través del largo viaje que hacen para llegar a su destino, en donde a pesar de estar muertas conservan su frescura, dentro de la misma mentalidad de mercado que busca su innata sensualidad, aquí Brousil juega con los símbolos en varios niveles. Agua, ingrediente fundamental para la producción de las rosas, se convierte en la promesa de belleza vista en anuncios publicitarios, intencionalmente usando composiciones eróticas o hasta pornográficas, pero también se convierte en el símbolo del eroticismo en general, el símbolo de un deseo húmedo. Otro momento pornográfico o hasta eyaculativo es la reinterpretación de las instrucciones para el lavado de ojos en los primeros auxilios, una vez más, son presentados como símbolos de la belleza sensual y aquí son afectados, por ejemplo, por pesticidas. Mientras tanto otro tema muestra una espina filosa que casi toca una lengua seductora que sale de una boca abierta. El significado es siempre ambiguo, para decir lo menos, la belleza, los objetos técnicamente perfectos llenos de contradicciones que constantemente emergen y que de cierta forma enfatizan el contexto sangriento de las rosas rojas y verdes.

Las fotografías no son digitales ni montadas sobre papel, sino que adoptan la forma de objetos textiles tridimensionales complementadas por telas producidas en República Checa para piezas de diseño, pero que son creadas principalmente para el mercado africano.

Sus motivos florales crean la composición de una imagen flotante, una que está inflada, rellena y acompañada de fotografías de telas florales con uñas artificiales. La similaridad con una almohada, esta suavidad que casi alienta al sacrificio, hace de la economía de la empatía y la emoción aún más problemática. En otro montaje, umismo que también fue expuesto en el proyecto de Glasgow, rosas petrificadas en la cálida primavera de Vrídlo en Karlovy Vary, una vez más muertas pero preservadas para la eternidad por el agua, símbolo de la vida, pero siempre falsas pues estñan hechas de papel cubierto de plástico transparente que contiene sus cuerpos muertos al mismo tiempo que es una especia de membrana protectora. Numerosas versiones del internet refiriéndose a la rima inglesa "roses are red" (las rosas son rojas) son impresas en aquella membrana. Lo arcáico de esta rima, a pesar de ser interrumpida por elementos tecnológicos contemporáneos, sugiere que las emociones nunca han sido naturales.

La actitud de Brousil no sólo es críticamente incisiva, sino que se empeña en encontrar cómo ciertas contradicciones emocionales, como el sentimiento de ser conmovido al mismo tiempo que saber que ese mismo sentimiento es falso, pueden presentar una vía fuera del sistema que sólo mide la calidad de algo dependiento de cuánto dinero produce.