Semana 180.1_Daytime TV

Daytime TV

con obra de Ludovic Sauvage

texto por Fiona Vilmer

Les Bains-Douches, Alençon

Imágenes cortesía de Les Bains-Douches y Galerie Valerie Cetraro, París

Fotos de Sophie Vinet

 
 

«Oedipa estaba en la sala de estar, mirando el ojo muerto verdoso del tubo de televisión, pronunció el nombre de Dios, trató de sentirse lo más borracha posible. Pero esto no funciono. »- Thomas Pynchon, La parcela 49

Instalarse en imágenes como en un espacio desde la parte trasera donde las figuras y los gestos espectrales delinearían la posibilidad de un contramundo. Sería cuestión de revertir el espacio, provocar un vértigo, insinuar la flotación de una realidad invertida. El espacio y el tiempo cruzan la imagen en el trabajo de Ludovic Sauvage e inducen el punto de partida de formas explotadas. Daytime TV sería como una trama hecha de nichos escondidos bajo la realidad; de ausencias y presencias cuyo material habría sido diseminado aquí y allá. Hacia un espacio sensible y codificado donde cada superficie se refleja tanto como absorbe, y donde cada elemento reproduce su propia revelación.

Una puesta en escena que podría compararse aquí con lo que algunos críticos han llamado "metaficción" como género literario. En su extensión posmoderna, la ficción más allá de su estrategia de autorreferencia, pastiche y citas a géneros anteriores se desarrolla como un reflejo de lo que da forma a nuestra relación con el mundo. Intenta, por lo absurdo de su escenario, paradójicamente arrebatar la textura de la realidad. En los mismos años 1970-1980, este gusto por la apropiación arquetípica es la marca registrada de los artistas de la Generación de Imágenes, uno de cuyos vectores críticos pretende descubrir el simulacro propio de los medios de comunicación. Pero es en la década de 1990 que los artistas encajarán en el proceso ficticio para extenderlo a la exhibición de la exposición, considerado como un espacio de transición, de repente listo para exaltar la realidad. Al igual que con la literatura, la ficción como herramienta destaca los grados de maniobra en nuestra relación con la realidad. Estas yuxtaposiciones formales generan una porosidad entre lo que es ilusorio y lo real, intensifican lo que es afloramiento y transmiten una proximidad al mundo. Pero, ¿qué pasa con una metaficción que va del género literario a formas concretas, aplicadas a los materiales de la realidad?

 
 

Quizás desde esta intuición, Ludovic Sauvage conceptualiza con el tiempo una práctica de instalación donde las imágenes toman forma por su deconstrucción en el entorno. Cada gesto los empodera y opera un cambio temporal, a medida que se convierten por turnos, momento, objeto o superficie pura. Por lo tanto, la metaficción no se trata tanto de pastiche sino de habitar imágenes. Si extrae una batería de patrones estereotipados, arrebatados de su contexto, es para generar un material maleable y extrapolarlos a nuevas situaciones para expandir la atmósfera de un mundo salpicado de inconsistencias de las cuales cada forma parece coquetear con la realidad y darle un toque de realidad. sabor más cercano El gesto inyecta así a las imágenes una presencia formal cautivadora de los más evasivos, situándolos en contra del tiempo.

 
 

Daytime TV, no escapa a este proceso de apropiación donde ahora el simulacro se estira hasta el límite de la abstracción. Ludovic Sauvage se infiltra en la imagen, excepto que aquí abandona el uso frontal de la luz para una digresión a través del objeto. Además de las imágenes, se extienden muebles en el espacio expositivo. Encaramados en módulos de madera repelente al agua, un guiño lejano a la función original de les Bains-Douches, las superficies ya no son fijas, sino tomas transitorias cuyas imágenes se encarnan en espejos de pantalla.

En el suelo, los espejos impresos podrían ilustrar, a modo de capítulos, las manipulaciones domésticas, no sin estar teñidas de una encantadora extrañeza, y cuyo toque de terciopelo azul permanece intangible. Insertados en módulos, desplazados sistemáticamente de sus estructuras, estos trabajos visualizan una presentación de la imagen, como un cajón de sombras de hormigón que revela una realidad a veces silenciosa, apenas oculta. En la pared, los espectros de algodón matizan y pesan en la atmósfera con una niebla violácea como una gradación impresa en espejos deslizantes. Excepto que aquí, los espejos ya no están destinados a agrandar el espacio, sino que simulan revolverlo, ya en una etapa intermedia. Las superficies azules incrustadas y perforadas (el motivo de la herramienta recurrente en la obra del artista) proyectan una parte faltante, donde la imagen desapareció, solo refleja la del espacio invertido en el que podríamos abandonarnos y bucear. Depende de nosotros dejarnos atrapar, acomodarnos en la oscuridad de la pantalla. Para que la imagen faltante vuelva a aparecer en otro lugar, iluminando otro interior, dentro de una chaqueta que queda colgada.

 
 

En Les Bains-Douches, Ludovic Sauvage materializa un bucle perceptivo que sugiere la realidad tanto como la confunde: una especie de elipse temporal que sustituye la linealidad del tiempo. Cada forma se emancipa al mismo tiempo que participan en el conjunto de la exposición. Los espejos traen constantemente la pantalla de la realidad en una mise en abyme, cruzándola y rodeándonos. Si el significado original de la imagen se diluye, es a favor de un nuevo receptáculo: bucle eterno. A partir de ahora, encarnadas en el espejo, las imágenes nos harían dudar de la objetividad de este último, ya no pretenden reflejar lo que no podemos percibir, sino transfigurar su presencia como instrumento de autodescubrimiento sobre lo que se nos escapa.

-Fiona Vilmer