Semana 511_1 Virtual Crush

 

virtual crush

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virtual crush 〰️

con obra de Melissa Broder, Arvida Byström, Claudia Hart, Kira Kutcher, Kim Laughton, Eva Papamargariti y Signe Pierce

curaduría por LaTurbo Avedon

en Slash

del 2 de mayo al 19 de septiembre, 2026

 

Kira Kutcher, unconditional.obfuscation.mov, 2026

 

Virtual Crush: ¿cómo lo interpretas? ¿lo virtual modifica al crush, o tu crush modifica lo virtual, o acaso funcionan en ambos sentidos a la vez? La exposición se niega a resolver esa ambigüedad. Lo virtual llega aquí en su sentido más pleno: no como una copia degradada, ni como el sustituto mediado por la pantalla de algo más real en otro lugar, sino como el campo de diferencia y potencial que precede a la materialización. Crush denota la intensidad de ese umbral: ¿sigue siendo algo lindo y coqueto? ¿O es la presión de estar a punto de tomar forma? Juntos designan un modo de tiempo en el que el evento es siempre simultáneamente «todavía no» y «ya».

La pieza más vieja de la muestra, Dream (2009) de Claudia Hart, surgió cuando el Internet todavía era un lugar al que unx iba. Había un umbral. Te sentabas, abrías el navegador, iniciabas sesión, entrabas. Y luego cerrabas sesión y regresabas a lo que se suponía que era la versión real de tu vida. El dualismo digital se sentía real porque todavía existía un gesto de cruzar al otro lado. Lo virtual aún no se había difundido en el entorno. La obra de Hart surgió en la era post-Internet, antes de la era de la simulación: una identidad virtual que se armaba a sí misma en el umbral, en la época en que ese umbral aún existía. El soñador, soñando desde el interior de una simulación prospectiva.

 

Vistas de exposición, Virtual Crush en Slash, 2026

 

Soft Touch (2015) de Eva Papamargariti, aborda el momento en que el Internet ya no era un lugar al que ibas sino algo que llevas pegado al cuerpo en todo momento. El yo virtual (el perfil, el feed curado, la personalidad de la interfaz) se volvió una extensión del yo físico en lugar de estar separado de él. Buscando deseo e intimidad a través de la App Store. La carta de amor ahora es un evento de interfaz. Papamargariti dobla el cuerpo más allá de sus límites estructurales porque eso era lo que estaba sucediendo: un cuerpo virtual en aceleración. En el agua simulada y los diamantes pixelados de Soft Touch, una nota arrugada y difuminada dice: «Te amo más de lo que amo a mi celular».

Parking (2018) de Kim Laughton, está construida como una simulación CGI en tiempo real, un paralelo a la conexión permanente que la mayoría de lxs usuarixs ya habían adoptado para ese momento. Estar crónicamente en línea como el nuevo estado de la naturaleza. El avatar, blindado con protecciones deportivas de plástico azul con calcomanías, se mueve a través de un cuadro hiperrealista construido a partir de modelos 3D de infraestructura de envío y recepción: un mundo de significantes flotantes, medios extraídos y reutilizados, separados de sus referencias originales. El avatar se mueve por este mundo como observador, pero también es observado desde dentro de él. La vigilancia funciona en ambas direcciones.

Para 2025, lo virtual sufrió su transformación más fundamental. Ya no se trataba de representaciones digitales de cosas reales. La IA generativa llegó a gran escala. La imagen ya no requería un original. El cuerpo virtual ahora podía generarse desde dentro: un agregado distribuido de todos los cuerpos que la máquina había visto alguna vez, produciendo algo que nunca había existido pero que parecía haber existido. Este es el momento en que la palabra virtual finalmente se despojó por completo de su significado apologético.

 

Vistas de exposición, Virtual Crush en Slash, 2026

 

Abyss (2025), de Arvida Byström, presenta a lx espectadorx una versión contemporánea del mutoscopio, el antiguo dispositivo cinematográfico que históricamente se utilizaba para proyectar en privado imágenes eróticas. A través de su pequeña abertura, Byström revela una contorsión de carne generada por IA: sintética, deformada, alucinando en el lugar donde el viejo mundo monetizaba sus propios tabúes. La imagen íntima entregada a un par de ojos a través de un mecanismo que unx mismx opera en solitario. La moneda es ahora un punto de datos. La manivela es ahora un pulgar. El desplazamiento, el feed, la ventana privada del navegador: todas son versiones de la misma abertura. La pornografía no es meramente un tema; es el apetito que ha impulsado las sucesivas tecnologías. La videocámara, el 3G, el mismo Internet: cada uno llegó a lomos de las corrientes del deseo tecnológico.

Tendemos a pensar en el espacio virtual como un espacio de imágenes: el cuerpo renderizado, el avatar, el rostro generado. Pero el lenguaje siempre ha sido virtual, exactamente en el sentido que le da esta exposición. Construye mundos que no requieren coordenadas físicas. Los primeros espacios virtuales fueron de texto: la sala de chat, el foro, el nombre de usuario. Melissa Broder es una descendiente directa de ese linaje. Su obra en la exposición, @melissabroder (2026), presenta su yo continuo en red a una nueva escala: publicaciones de Substack extraídas de su plataforma y mostradas a gran escala en lugar de pinturas.

 

Vistas de exposición, Virtual Crush en Slash, 2026

 

Simulatrix Affirmations (2026), de Signe Pierce, es un manifiesto en video en el que una IA con la apariencia de Pierce recita tecnopoesía original extraída de su Neolexicon, un lenguaje personal que aborda la metamodernidad, la conciencia y el deepfake. Las imágenes procesadas con datamoshing se fusionan con representaciones de su rostro generadas por IA para crear pinturas líquidas y psicodélicas. Pierce escribió cada palabra que recita la IA con su imagen, insistiendo en la distinción entre el yo y su simulación justo en el momento en que la imagen los vuelve indistinguibles.

La obra unconditional.obfuscation.mov (2026) de Kira Kutcher aborda el valle inquietante desde el otro lado: una performance corporal íntima representada a través de procesos de imagen que difuminan lo figurativo hasta convertirlo en hiperrealidad. La obra explora la agencia a través de la vigilancia controlada, la evasión y la ininteligibilidad, y Kutcher desafía a lx espectadorx a discernir estos límites dentro de su performance.

Virtual Crush, que abarca desde la explosión de las redes sociales comerciales hasta el presente, revela el cuerpo simulado en constante redefinición. No importa el orden de la magia, siempre habrá caminos que se bifurcan.

Texto por LaTurbo Avedon

Doreen Ríos

Curadora, investigadora y docente especializada en cultura digital.

https://doreenrios.com
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